Estrés | Ansiedad
“Me preocupo todo el tiempo”
“¡No puedo dormir porque mi cabeza no para!”
“Siento que nunca me puedo relajar”
Estos pensamientos y algunos otros pensamientos parecidos, nos llevan, a veces sin darnos cuenta, a tener actitudes como:
– Estar siempre en alerta, asumiendo los peores escenarios.
– Postergar actividades y proyectos por temor al fracaso.
– Tener pensamientos negativos sobre nosotros mismos.
– Encontrar siempre un motivo más de qué preocuparnos.
Hay situaciones que de por sí generan estrés y ansiedad. Estos son solo algunos ejemplos:
-Cambios corporales
-Baja autoestima
-Problemas de pareja
-Autoexigencias
-Crisis vitales
-Dificultades económicas
-Cambios laborales
-Mudanzas
Enfrentémoslo. Todos tenemos estrés en algún momento.
Y quizás, en parte, esto nos ayuda a seguir adelante. El problema surge cuando el estrés cotidiano, y la ansiedad que a veces oculta, nos causa irritabilidad, inquietud, dificultad para concentrarnos y para dormir.
Con frecuencia, agrandamos problemas simples, postergamos deseos, sueños y proyectos. Estamos siempre pensando en «que pasó» o preocupándonos por «qué pasará», y no podemos ver, resolver o disfrutar lo que nos está pasando.
Seguramente, no queremos que los años pasen y algún día darnos cuenta de que nunca hemos realmente vivido nuestra vida.
Quizás sea momento de comenzar a relajarnos, lograr tener claridad y paz mental para vivir el día a día con más tranquilidad, menos estrés y más conectados con nuestra realidad y con nuestro presente.
Y también poder pensar en el futuro, soportando la incertidumbre y los miedos que a veces nos paralizan, imaginando los cambios que queremos lograr y los objetivos que vivimos posponiendo por temor al fracaso.
No nos engañemos creyendo que ya pasará. Tratemos de observar en qué medida la ansiedad está limitando y afectando nuestra vida, veamos qué es lo importante, gestionemos bien nuestro tiempo y, sobre todo, démonos tiempo a nosotros mismos. Y, por supuesto, pidamos ayuda si no podemos solos.